Nunca seré la madre perfecta, pero déjame quererte siempre es un texto escrito por una madre. Un mensaje que nace desde el amor y la aceptación.

Si eres madre sabrás lo que quiero decir  este artículo. Dedícalo si te apetece y comparte con otras madres:

Nunca seré la madre perfecta y tampoco lo deseo… porque de los errores se aprende y quien mejor que tú, mi pequeña maestra, para enseñarme lo esencial de la vida.

Desde que supe que venías a este mundo preparé mi cuerpo para anidarte, mi mente para cuidarte y mi corazón para llenarte de todo el amor que tu existencia me provoca y hoy, que te veo jugando y riendo  mientras descubres el mundo, entiendo lo que significa Ser Madre.

Desde el momento en que supe que existías mi mundo cambió por completo. Una mujer sabe desde lo más profundo de sus entrañas cuando comienza a ser portadora de vida…cuando su ser se llena de fertilidad  y de luz.

Ahora que ya te tengo en mis brazos, agradezco infinitamente al Universo por permitirme tener a la mejor de las guías en mi camino.

No sabía cuánta sabiduría podría encerrar un ser tan pequeño, cuánta dulzura traería tu presencia a nuestras vidas ni cómo cambiaría mi percepción del mundo una vez que estuvieras aquí. Ahora sólo puedo repetir una y otra vez: «Gracias hija por estar aquí y ser tal y como eres»

La maternidad se ha convertido para mí en una oportunidad de crecer, de renovarme, de intentar ser mejor.

Ser madre me ha servido para aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, a observar cómo reacciono ante lo nuevo y desconocido y a tomar decisiones desde el corazón, así como haces tú hija, que vibras aún en la misma sintonía con el amor Universal.

Hija mía, nunca seré la madre perfecta, pero prometo ser la mejor versión de mí para ti.

Déjame aprender de ti y no permitas que mis miedos apaguen la curiosidad de tu espíritu. 

Permíteme aprender de ti a no rendirme ante las dificultades y a levantarme una y otra vez cuando me caiga.

Déjame aprender de ti a ver a los demás con el corazón y sin juicios de ningún tipo.

Déjame aprender de ti a regalar sonrisas a quien pase a mi lado sin esperar nada a cambio.

Enséñame a dejar los «NO» y a decir que sí a lo nuevo, a lo diferente, a lo «peligroso».

Déjame aprender de ti a vivir con sencillez, a jugar, reír y disfrutar de lo que me rodea sin pudor, sin condiciones…

y sobre todo hija, aunque nunca seré la madre perfecta, déjame quererte siempre.

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