Hoy, para hablarte de la procrastinación  y su relación con nuestra autoestima, quiero preguntarte:

¿Cuando fue la última vez que te criticaste por no hacer algo y postergarlo para otra ocasión?

Puede que hace muy poco, quizás hoy mismo te estés reprochando por lo que debías hacer hace tiempo y no hiciste.

Para empezar, la procrastinación es la tendencia o el hábito de  dejar de hacer tareas urgentes y de importancia para otro momento y dar prioridad a otras menos relevantes.

Comúnmente usamos este término para referirnos al estrés que provoca en nosotros una tarea pendiente, sin tener la fuerza de voluntad suficiente para concluirla.

¿Por qué procrastinamos?

Esa tarea que postergamos puede ser percibida como desafiante, abrumadora, peligrosa, difícil, tediosa o aburrida, por lo cual justificamos posponerla a un futuro (que no sabemos si será inmediato o no).

Pero también puede que sea una tarea que para nosotros resulta tan imponente que queremos hacerla con toda la perfección necesaria, creyendo que no estamos preparados en este momento para llevarla a cabo.

Al procrastinar sustituimos estas tareas importantes por otras situaciones menos relevantes y por lo general, que consideramos más agradables.

PODCAST: “Procrastinación y autoestima”

En mi caso, la procrastinación aparece en mi vida de muchas maneras.
Cuando tenía que entregar un trabajo para la facultad y esperaba a que faltase un día para la fecha.
Si tenía un examen importante, en lugar de estudiar semanas antes, lo posponía tanto que acababa estudiando la noche anterior.
O antes de un viaje, dejando para último momento el hacer la maleta y preparar las cosas, por ejemplo.
Y así un montón de ocasiones en las que, sabiendo que el tiempo es el que es, creía que podría alargarlo por arte de magia en el último segundo.

Y ¿qué es lo que hacía en lugar de ponerme con lo importante?
Por lo general me ponía a ordenar mi armario poniendo la ropa muy bien doblada, incluso ordenada por colores, limpiaba la casa o me ponía a navegar en internet y por las redes sociales. Todo con tal de no ponerme con lo importante.

Entonces, el final siempre era el mismo: acababa estudiando, haciendo un trabajo o la maleta a las tantas de la madrugada, rápido y con la ansiedad de no tener tiempo para hacerlo bien o repasar con tranquilidad las cosas.
Aprobaba los exámenes y los trabajos, sí, pero con la sensación de haber podido dar más y sacar más nota, de haber demostrado mi capacidad.
Hacía las maletas, sí, pero sin orden, con prisa y siempre me olvidaba algo importante que era necesario para el viaje…

Mi odisea acababa siempre con una larga lista de reproches hacia mí misma y con una idea clara en la cabeza: “esto tiene que cambiar”.

¿Te suena la historia?

Pues bien, la procrastinación puede darse en cualquier momento de la vida y en casos muy diversos, pero hay personas que son más propensas a vivir esta experiencia y repetirla como un patrón de personalidad.
La procrastinación suele acoplarse a episodios en los que nos encontramos con baja autoestima.

Con frecuencia nos decimos cosas como:

-tengo que hacerlo ya, no puedo esperar más tiempo…
-tengo que pedir cita al médico.
-tengo que sacarme el carnet del coche.
-tengo que acabar
-tengo que levantarme más temprano.
-tengo que empezar a comer mejor.
-tengo que ordenar mi armario y empezar a ser más organizada.
-tengo que dejar de llegar siempre tarde.
-tengo que hacer ejercicio.
-tengo que dejar de mirar el móvil y ponerme con las prioridades.

Párate un momento y piensa en la última vez que postergaste algo importante.
¿Qué estaba sucediendo dentro de ti?

Lo más probable es que, una parte de ti, a la que podemos llamar “El controlador”, te ordenase qué hacer con un tono de voz crítico, diciendo frases como las anteriores.

Y al mismo tiempo, esta voz crítica podría estar diciéndote cosas como: “Será mejor que no cometas errores o fracases. Si cometes errores van a rechazarte y sabrán que no eres capaz”.

¿Te suena esta voz? ¿Una voz que trató de controlarte y juzgarte por tus errores cuando eras pequeño? ¿Cuántos años tendrías cuando integraste esta voz en tu ego herido? Puede que fueras un adolescente.

Esta voz crítica es a menudo un adolescente que quiere tener el control, creyendo que si puede hacerlo todo “bien”, estará a salvo del rechazo.

Luego, hay otra parte de ti, a la que podemos llamar “La Resistencia”, que te dice: “Tú no eres mi jefe . No necesito hacer lo que dices”. O que amenaza con: “Será mejor que ni siquiera lo intente. Es mejor no intentarlo que intentar algo y fracasar”.
¿Qué edad tendrías cuando comenzaste a resistirte? ¿Cinco, diez años?.

A medida que te vuelves más consciente de lo que sucede dentro de ti, entiendes que hay una lucha interna de poder.

Por un lado está tu parte crítica tratando de controlar y juzgar lo que haces y la otra parte resistiéndose a ser controlada y fallando “porque quiere” (como si fuera un auto-sabotaje).

Esta lucha de poder crea una inmovilización interna, que se refleja en el hábito de procrastinar o postergar.

En otras palabras, el control más la resistencia es igual a la procrastinación.

La salida a la procrastinación

Si lo piensas realmente se trata de un problema matemático simple.

¿Realmente quieres que tus decisiones las tome un niño y un adolescente? Supongo que la respuesta es no.

Imagina entonces que tienes dos juegos de mesa.

Un juego de mesa es jugado por el ego herido, cuya intención es controlar y no ser controlado y protegerse contra los posibles errores y rechazos.

El otro juego de mesa es jugado por un ego amoroso, cuya intención es vivir en sintonía para amarte a ti y a los demás.

La forma de salir de la procrastinación es cambiar los juegos de mesa, y esto ocurre cambiando tu intención.

Solo hay dos intenciones para elegir, y dado que tenemos libre albedrío, podemos elegir nuestra intención en cada momento.

  • Mientras tu intención sea protegerte, controlar la situación y evitar ser controlado, permanecerás atrapado en la resistencia.
  • Cuando eliges la intención de aprender sobre lo que te gusta a ti y te hace feliz, y le das a esto tu máxima prioridad, podrás deshacerte de esa resistencia.
  • Cuando tu intención es amarte a ti mismo (en lugar de dejar que tus miedos al fracaso o al rechazo  te controlen), entonces te resultará fácil llevar a cabo acciones que te benefician directamente.

Cuando consigues ganar al miedo al rechazo es cuando te resulta más fácil comer de forma saludable y hacer ejercicio, entregar las cosas en su fecha y llegar a tiempo a los sitios, vivir con menos estrés y dejar las prisas…porque esto es lo que realmente te gusta a ti.

De hecho, puedes dejar de procrastinar  una vez que decidas que amarte a ti mismo es mucho más importante para ti que evitar el rechazo, el fracaso, los errores, el control o cualquier otra cosa que temes.

Amarse a uno mismo y tratarse con amor es la forma de salir de la procrastinación.

Un ejercicio sencillo para dejar la procrastinación y aumentar tu autoestima:

Te invito a que pienses en qué planes futuros o tareas inmediatas estás procrastinando ahora mismo.

    • Cuando las pienses, reconoce en ellas si existe algún tipo de temor, tanto a la tarea en sí, como a realizarla con errores y fracasar en el intento.
    • Analiza por qué sientes ese temor y busca en ti cuál es el motor real para querer alcanzar esas metas y realizar esas tareas que has postergado para otro momento.
    • Por otro lado, es importante que dividas estas tareas más grandes e imponentes en pequeños pasos que te llevarán a conseguirla. Piensa en ellas de forma realista y marca objetivos sinceros.

Vuelve a confiar en tu capacidad, vuelve a desear hacer lo que realmente te llena y te gusta…empieza a moverte por tus motivaciones y deja de detenerte por el miedo. Así dejarás de postergar.

 

Si te interesa saber más sobre los métodos para dejar de procrastinar aquí tienes una amplia lista de libros relacionados con este tema: