Si pudiéramos volver en el tiempo para ver cómo las personas de las primeras civilizaciones realizaban su trabajo diario, nos daríamos cuenta de las grandes diferencias entre el hombre de antes y el de hoy.

Por un lado la vida transcurría de un lado a otro, siempre en movimiento, recolectando frutos, cazando, recogiendo leña para el fuego, etc…

y por otro, en el momento de necesitar sentcrse y estar quietos, antes de inventarse las sillas, las personas se sentaban en el suelo con las piernas cruzadas, en la que llamamos posición de loto, o se mantenían en cuclillas, con las rodillas flexionadas, los glúteos pegados a los talones y sus pies firmemente apoyados en el suelo, mientras realizaban las labores cotidianas.

Estas posiciones, tanto la de mantener las piernas entrelazadas o quedarse en cuclillas, requieren que la persona tenga un nivel apropiado de fuerza en las piernas, glúteos y espalda, así como un grado de equilibrio y coordinación.

En  nuestros días, el uso recurrente de sillas y sofás para sentarnos provocan que mantengamos nuestro cuerpo en posiciones que conducen a un estancamiento de la pelvis y a una función circulatoria reducida. Y los trabajos que realizamos, por lo general obligan a estar sentados muchas horas.

La forma en que nos sentamos actualmente no es la ideal para la mecánica natural de nuestro cuerpo, y no es de extrañar que muchas de las «enfermedades del sedentarismo» se relacionen con esta posición antinatural sostenida durante gran parte del día.

Hoy te invito a hacer un pequeño experimento:

Siéntate en el suelo con la piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas . A continuación levántate de una vez, hasta quedar de pie, usando el mínimo apoyo posible.

Resulta que, si puedes levantarte del suelo con sólo una mano, o mejor aun, sin ningún apoyo, entonces estás dentro de los porcentajes de niveles altos de aptitud músculo-esquelética y es mucho más probable que vivas más tiempo que las personas que no pueden realizar este simple ejercicio.

En pocas palabras, mientras menos dependas de tus manos para levantarte del suelo y conseguir la posición erguida, gozas de más salud y por ello de una vida más duradera.

Te explico por qué:

Ser capaz de levantarte del suelo sin necesitar apoyo adicional, utilizando sólo tus piernas, requiere de un tren inferior fuerte, es decir, piernas, tobillos, rodillas y pantorrillas con potencia, como también es necesario contar con un alto nivel de flexibilidad y coordinación.

La capacidad aeróbica se asocia estrechamente con la supervivencia y la esperanza de vida. Además de dotar a la persona un mejor estado físico para realizar de manera más fácil las actividades diarias. Sin embargo, con el estilo de vida que llevamos hoy en día, muchos se dirigen en sentido contrario, hacia el estancamiento y la atrofia.

Empieza a moverte. Te alargará la vida

Nuestro cuerpo es una maquina que necesita ser utilizada a diario para no atrofiarse. El ejercicio físico y las actividades aeróbicas nos proporcionan vitalidad, ya que renuevan el oxigeno de nuestras células, nos liberan de toxinas, nos aportan magníficos beneficios para el sistema esquelético y muscular y mantienen en forma nuestro sistema cardio-respiratorio.

Así que si estás buscando el elixir para mantenerte longevo, la respuesta es tan simple como «¡Ponte de pie y muévete!»

Verás como un simple paseo matutino, antes de empezar con tus labores, o caminar cuando termina el día y ya has realizado todas tus obligaciones, le sentarán de maravilla a esa máquina que te sostiene a diario y te permitirá vivir muchos años más.

 

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