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“Necesito caer bien” “Quiero encajar” “Que nadie se lleve una mala impresión de mí”…Aunque no se diga en voz alta, muchas personas viven continuamente con estos pensamientos que los conducen a actuar motivados por la necesidad de aprobación de los demás.

Las personas nos relacionamos entre nosotros de forma habitual. La comunicación y la interacción con otros individuos resulta imprescindible para poder desarrollar las actividades cotidianas. Todos tenemos compañeros de trabajo, compañeros de clase, familiares, amigos, parejas, conocidos…personas que forman parte de nuestro círculo y con los que creamos diversos tipos de vínculos pero, ¿qué pasa cuando dependemos de la opinión de estas personas para sentirnos seguros de nosotros mismos?
Sucede que caemos en una constante necesidad de validación externa a la que relacionamos nuestro nivel de autoestima : “según lo que diga la gente de mí me sentiré mejor o peor conmigo”, basando finalmente nuestra seguridad en opiniones que recibimos como feedback a nuestras acciones.

Aunque esta retroalimentación que recibimos del entorno es una parte importante de nuestra interacción con el medio, cuando ponemos como objetivo principal el estar bien con los demás y hacerles felices, muchas veces olvidamos cuáles son nuestras necesidades, nuestros gustos y deseos. Vivir pendientes de caer bien al resto y darles lo que necesitan para que así tengan una perspectiva positiva de nosotros, conlleva renunciar a vivir nuestra propia vida.

La necesidad de aprobación la llevamos cargando desde la infancia. Cuando somos pequeños queremos que papá y mamá vean lo que hemos aprendido a hacer, que nos feliciten por nuestros logros y que nos digan que somos los mejores. Esto reafirma nuestra autoestima y va forjando la seguridad en nosotros mismos, dos aspectos que serán vitales para la vida adulta. Sin embargo, quedarse en esta etapa de continua validación externa cuando ya somos mayores refleja una falta de confianza en nuestro valor personal y un auto-concepto malogrado.

Pero, ¿cómo saber si estamos actuando según nuestros deseos o simplemente nos estamos limitando a dar a quienes nos rodean una “buena y esperada imagen” de lo que somos?

Aquí tienes 3 signos para identificar la necesidad de aprobación:

1. PERDERSE A SÍ MISMO EN LAS RELACIONES

Cuando en una relación amorosa o de amistad, siempre antepones las necesidades del otro a las tuyas, estás perdiendo tu parte dentro de ese vínculo. Hacer y dejar de hacer por agradar a esa persona puede parecer que es “trabajar en pro de la relación” pero este no es el caso. Convertirse en lo que el otro espera de mí no es sinónimo de una buena relación, al contrario, temer ser uno mismo delante del otro se convierte en una presión constante que desemboca en la idea de no ser merecedores de afecto por lo que somos en realidad. Si sientes que debes hacer grandes cambios en tu manera de ser y actuar para sentirte aceptado/a y amado/a, entonces estás sufriendo un caso de necesidad de aceptación. Debes meditar acerca de lo que realmente te hace feliz y lo que quieres para tu vida, partiendo desde tu propia persona y dejando de pensar, por un momento, en lo que desean los demás de ti.

En el caso de pareja sentimental, la necesidad de aprobación se convierte finalmente en un círculo vicioso. Una vez que pierdes el sentido de ti mismo, tu pareja comienza a retirarse emocionalmente porque ya no reconoce en ti a la persona que le atrajo en un primer momento. Tu te encuentras en un punto de inseguridad y susceptibilidad que acaba resultando un auto-sabotaje de tu relación de pareja.

2. ESTAR SIEMPRE DISPONIBLE PARA TODOS EN TU TRABAJO

Si en tu puesto de trabajo eres la persona a quien todos recurren para pedir favores o suelen darte una carga extra de responsabilidad porque saben que no vas a negarte, puede ser que estés actuando de manera similar al caso anterior.

Necesitas que te valoren y tengan una imagen positiva de tu persona. Por ello, aunque no te apetezca o te parezca que se aprovechan de ti, no te niegas a las peticiones de tu jefe o tus compañeros. Puede que mentalmente lo justifiques convenciéndote de estar “trabajando en pro de tu puesto laboral” y que si te lo están pidiendo a ti es porque confían en que puedes hacerlo, y claro, tu no los vas a decepcionar…pero ten cuidado, debes aprender a distinguir entre hacer bien tu trabajo y recibir reconocimiento por ello, y hacer el trabajo de los demás  o el que nadie quiere hacer por completar tu necesidad de aprobación.

Cuando comprendes el valor que tienes y valoras lo que haces, aprendes a decir NO a las situaciones que crean un conflicto con tus intereses y deseos. Ninguna relación profesional merece que cargues con el peso de ser y hacer lo que no te proporciona satisfacción real o que interfiere con tu manera de pensar y actuar.

3. SENTIRSE INCOMPLETO SIN UNA RELACIÓN

Si encontrarte solo en un momento determinado te causa ansiedad y preocupación es porque no has aprendido a estar solo/a contigo. Si estar con nosotros mismos resulta incómodo difícilmente podremos establecer relaciones sanas con otras personas.  La continua tarea de verte acompañado de gente genera una necesidad crónica de compañía y aceptación de tu círculo.  No nos referimos a ser sociable o no, esto es diferente, ya que una persona extrovertida disfruta de la compañía de sus pares sin dejar de ser ella misma. Una persona emocionalmente equilibrada es capaz de pasar un buen rato en compañía y  también a solas. Es más, por lo general quienes tienen buenas relaciones sociales suelen buscar su espacio para estar a solas y esta situación no les inquieta. Saben que pueden decir que no a quedar con amigos si un día les apetece un plan distinto. Las personas que buscan aprobación en cambio, son incapaces de dar su opinión ante la propuesta del grupo. Por lo general responden un “lo que queráis vosotros” o un “a mi me da igual”, dejándose llevar por planes y deseos ajenos. Así piensan que están “trabajando en pro de la amistad y del grupo” pero se olvidan de permitirse aportar ideas nuevas o superponer sus propios deseos a los del grupo.

Cuando esta necesidad de aprobación se vuelve una costumbre, la persona no se siente a gusto estando sola. Requiere la compañía y la validación constante de sus pares,  o de una pareja estable o pasajera sintiéndose, en cierto modo, obligado a estar siempre disponible para todo y todos, sin tener derecho a decidir por sí mismo y sin tener la  fuerza emocional para comprender  lo que pasa en su interior.

¿Cómo superar la necesidad de aprobación?

En primer lugar, no debes sentirte culpable por estar en esta situación. A lo largo de nuestra vida vamos formando nuestra personalidad a través de lo que hemos vivido y experimentado. El primer paso para cambiar esta manera de enfrentarnos al mundo es reconocer qué es lo que provoca esta búsqueda constante de validación externa. ¿Por qué necesito que me digan lo que yo mismo/a no me digo? ¿Por qué necesito sentirme apreciado/a por otros antes de amarme yo mismo/a? ¿Cuánto valor me doy?…

Cuando empieces a conocerte y reflexionar acerca de tus emociones y opiniones, verás cómo muchas de ellas no son más que falsas creencias que hemos ido acumulando a lo largo del tiempo. Muchas veces las peores críticas son las que nos hacemos nosotros mismos. Dejar de enfocarnos en lo que NO SOMOS, en lo que DEBERÍAMOS SER…y empezar simplemente a SER, es un gran paso hacia la felicidad y la satisfacción personal.

Ser los primeros en aprobarnos y amarnos nos asegura tener también la aprobación y el amor de quienes nos rodean.

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