Meditar para Vivir Mejor

El otro día en una clase de yoga mi profesora nos hizo experiementar algo distinto, un juego de esos que nos dejan muchísimas enseñanzas.

Nos puso a trabajar en pareja atados de pies y manos durante toda la clase de yoga. Aprendimos a tener más paciencia, a colaborar con el otro, a sentir el movimiento y la respiración y coordinarnos para poder “sacar adelante” nuestro saludo al sol conjunto y hacer las asanas…sin duda fue una experiencia muy divertida y novedosa. Pero hubo uno de los momentos de la práctica de yoga que me dejó realmente sorprendida y llevo pensando en ello durante días.

Uno de los ejercicios que hicimos fue “Meditar con obstáculos”. Se trataba de meditar con los ojos abiertos frente a nuestro compañero y mantener la calma y la concentración mientras él intentaba hacernos perder el control. Todo valía, desde hacer carantoñas, sonidos, hablar… la finalidad era ponernos a prueba ¿Cuánto podíamos controlar nuestra mente? ¿Seríamos capaces de mantener la calma frente a lo que nos perturba?

Las dos grandes enseñanzas que aprendimos en aquella clase de yoga con el juego de meditación fueron:

  1. Que sólo nosotros podemos mantener la calma frente a lo que pasa en el exterior: Por mucho que lo que está fuera nos moleste e intente descentrar nuestra atención del objetivo que perseguimos, sólo nosotros tenemos el poder de dejarlo actuar y darle importancia sobre nuestra vida. Nadie puede perturbar tu paz si no se lo permites. Nadie puede obrar sobre tus propias metas y tu camino. Sólo tú eres responsable de lo que haces y no vale culpar al exterior de lo que sólo en el interior podemos trabajar.
  2. Que lo que NO consigue perturbar tu paz, SE VA: Cuando alguien se da cuenta de que no puede obrar subre ti y quitarte la calma simplemente se va, te deja en paz. Durante el ejercicio en pareja era muy frustrante hacer mil cosas delante del compañero mientras él meditaba y ver que, por mucho que nos esfrozábamos, no teníamos ningun poder sobre su mente y su cuerpo. Estaba tranquilo, sentado en posición de meditación, respirando y mirándonos con paz, como si no existiéramos. Al final, una vez agotas tus armas y ves que no son efectivas te cansas y desistes.

 

Meditar para Vivir Mejor

Si aplicamos estas dos enseñanzas a nuestra vida cotidiana, a nuestras relaciones personales y profesionales veríamos que vivir con paz y felicidad es mucho más sencillo de lo que pensamos.

No dejaríamos que el exterior determinase nuestra manera de ser, de vivir la vida, de relacionarnos con los demás…no dejaríamos que nuestra mente perdiese el foco de lo que realmente importa y seríamos mucho más agradecidos y felices, por lo que empezarÍamos realmente a VIVIR.

La meditación es una manera de conectar con lo que somos. Cuando conectamos con lo que somos es cuando por fin comprendemos lo que “deseamos vivir”, perdemos el miedo y comenzamos a ser consecuentes con nuestros verdadera personalidad.

Según Pablo d’Ors basta medio año de meditación perseverante para percartarse de que se puede vivir de otra forma.

“La meditación nos con-centra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser, agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento.”

y es que, aunque sepamos cuál es el camino que necesitamos seguir para transformarnos en quienes deseamos ser, muchas veces nos perdemos en el intento. La rutina y también las excusas nos alejan de esa búsqueda de la felicidad y necesitamos que nos recuerden cuál es el gran objetivo de los pasos que damos.

Para este recordatorio de vivir como queremos vivir, me gusta leer y re-leer este capítulo del libro Biografía del Silencio de Pablo d’Ors que siempre me ayuda a enfocarme otra vez. Espero que la disfrutes:

“Yo, naturalmente, no sé bien qué es la vida, pero me he determinado a vivirla. De esa vida que se me ha dado, no quiero perderme nada: no solo me opongo a que se me prive de las grandes experiencias, sino también y sobre todo de las más pequeñas. Quiero aprender cuanto pueda, quiero probar el sabor de lo que se me ofrezca.

No estoy dispuesto a cortarme las alas ni a que nadie me las corte. Tengo más de cuarenta años y sigo pensando en volar por cuantos cielos se me presenten, surcar cuantos mares tenga ocasión de conocer y procrear en todos los nidos que quieran acogerme. Deseo tener hijos, plantar árboles, escribir libros.

Deseo escalar las montañas y bucear los océanos. Oler las flores, amar a las mujeres, jugar con los niños, acariciar a los animales. Estoy dispuesto a que la lluvia me moje y a que la brisa me acaricie, a tener frío en invierno y calor en verano. He aprendido que es bueno dar la mano a los ancianos, mirar a los ojos de los moribundos, escuchar música y leer historias.

Apuesto por conversar con mis semejantes, por celebrar rituales. Me levantaré por la mañana y me acostaré por la noche, me pondré bajo los rayos del sol, admiraré las estrellas, miraré la luna y me dejaré mirar por ella.

Quiero hablar lenguas, atravesar desiertos, recorrer senderos, oler las flores y morder la fruta. Hacer amigos. Enterrar a los muertos. Acunar a los recién nacidos. Quisiera conocer a cuantos maestros puedan enseñarme y ser maestro yo mismo.

Trabajar en escuelas y hospitales, en universidades, en talleres… Y perderme en los bosques, y correr por las playas, y mirar el horizonte desde los acantilados. En la meditación escucho que no debo privarme de nada, puesto que todo es bueno.

La vida es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que debe evitarse: el miedo… La vida es todo menos segura, pese a nuestros absurdos intentos para que lo sea. O se vive o se muere, pero quien decida lo primero debe aceptar el riesgo.”

Extracto del libro Biografía del Silencio” de Pablo D’Ors

 

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