Las mujeres con el parto también nacemos

Hoy quiero hablaros del parto y el gran cambio que produce en la vida de una mujer.

Hace ya 20 meses que di a luz a mi hija Amapola y desde el mismo momento del parto mi vida comenzó a cambiar en muchos aspectos. Las que ya son mamás lo entenderán perfectamente. Porque sin saberlo ni esperarlo, las mujeres al parir también nacemos. 

El parto es el momento que llevas esperando desde el instante en que supiste que traerías una vida al mundo, el parto es el final del camino que has  recorrido como madriguera, con él das paso a una nueva forma de maternidad: después de nueve meses de cobijar a tu bebé dentro de tu vientre, conseguido el parto por fin lo acunarás y sostendrás en tu regazo.

No sabes con exactitud cuándo ni cómo será ese primer encuentro, pero deseas con ansias que suceda.

Por eso, quiero decirte, a ti que vas a ser madre por primera vez, que para nada  importa cómo transcurra tu parto, no importan las horas que tardes en dilatar, ni el tiempo que te lleve dar a luz…porque una vez que sabes que esa criatura que has gestado con amor dentro de ti está ya ansiosa de sentir tu calor y de empezar esta nueva etapa contigo, no existen miedos, no hay dudas, no importa el dolor en tu cuerpo.

Quiero que sepas también que  el miedo a lo desconocido, que  te inunda muchas veces, es normal y tan común en todas nosotras.

Y que cuando llegue el momento del parto, después de haber trabajado durante horas por guiar a tu hijo hacia las puertas que le verán nacer; después de ese último empujón, que sabes que será el que le dará el paso al otro lado de tu piel; después de escuchar su llanto de entrada a su nuevo mundo, entenderás  perfectamente que ¡Tú eres capaz de todo!

Comprenderás enseguida, de forma instintiva,  que ese ser que has parido es parte de ti y te convierte en otra persona, una nueva versión de la mujer que conocías. En tu parto también naces.

Cuando me convertí en madre lo entendí todo

Cuando estaba dando a luz, ese “último empujón” fue para mí la más clara declaración de fuerza, naturaleza y vida. 

Sentir cómo mi hija se abría paso hacia este mundo,  tenerla en mi pecho buscando, como un animal recién parido, la teta que le devolvería las fuerzas después de su gran trabajo por nacer, me hizo entender mi naturaleza más animal, conectar con mi instinto de mamífera y comprender el gran y maravilloso poder que tenemos las mujeres de crear vida.

Cuando todo el proceso de expulsión acabó y pude secarme las lágrimas que me llenaban los ojos de la emoción que me envolvía, vi a mi hija, pequeña y temblorosa enganchada a mi pecho, con esos dos grandes ojos negros abiertos e inquietos, que no entendían muy bien este  nuevo mundo alejado del calor de la placenta. Ella estaba tranquila, en paz.

Ella sabía quién era yo, y a mi me parecía que la conocía desde siempre. Todo era simple y hermoso, en sólo un segundo lo entendimos todo. En ese último segundo comenzó mi propio parto a mi nueva vida.

Un consejo para ti que vas a ser madre:

Si bien una de las cosas importantes cuando estás embarazada es prepararte físicamente para el momento del parto, el trabajo emocional que precede ese gran día, es también esencial. 

Debes saber que aunque tengas todo organizado según tus gustos y preferencias, las cosas pueden cambiar de un momento a otro.

Por ello uno de mis consejos siempre que trabajo con mujeres embarazadas es que estén dispuestas a todo lo que se presente aquel día, que sean flexibles ante los cambios y tengan el corazón y la mente puestos en lo más importante: ese encuentro con su bebé.

Las circunstancias del parto al final pasarán a un segundo plano.

Otro de mis consejos antes de dar a luz es que ante las presiones internas y externas no te agobies ni mucho menos le metas prisa a tu bebé.

Son tantas las ganas que tienes de ver a tu hijo/a que las últimas semanas se te hacen eternas. y además de tu impaciencia, se añade la de tus amigos y familiares, que están pendientes de la llegada del nuevo integrante y no dejan de preguntar ¿Para cuándo? o ¿Todavía no has parido?

Tranquila, tu bebé sabe cuando estará preparado para nacer, recuerda que no sólo el parto es duro para ti, sino que para él es también un proceso que requiere esfuerzo e implica cierto malestar. Por ello no te apresures y dale su tiempo.

Con mi hija hablaba de su llegada, le decía que aunque me moría de ganas de verla y tenerla en mis brazos, le dejaba libertad para decidir cuándo llegar al mundo, que confiaba en su naturaleza, en mi naturaleza.

Le explicaba que era una mujer muy fuerte y valiente y que el proceso de pasar hacia este lado, fuera de la comodidad de su cálida bolsita, sería un trabajo de las dos, que lo  haríamos muy bien.

Antes del parto le decía a mi hija una y otra vez que por mucho que tuviéramos temor a lo desconocido, seríamos capaces de llegar hasta el final y conseguir conocer por fin nuestras caras.

Un frase que solía repetir a mi hija en mi preparación al parto y sobre todo las últimas semanas era:

“Eres una mujer fuerte y valiente, estoy orgullosa de ti. Vendrás al mundo cuando te sientas preparada y yo esperaré, paciente e ilusionada,  para recibirte y nacer contigo”

Finalmente, cuando llegó el día, pude aguantar las contracciones que duraron casi un día con tranquilidad, con paciencia y amor.

Repitiéndome a mi misma que estaba preparada, que mi cuerpo era sabio y que en mi recaía la sabiduría de mis ancestras, mujeres fuertes y luminosas.

Y así fue, mi parto duró menos de una hora y tuve la gran suerte de dirigirlo casi por completo, respetando mis tiempos y los de mi hija. A día de hoy sigo viendo esos grandes y negros ojos que me cambiaron la vida y me hicieron renacer como mujer.

 

Por último quiero dejarte este fragmento, para ti que serás madre, para ti que al parir renacerás y te convertirás en una nueva y mejorada versión de la mujer que conocías.

 

“No me interesa cuantos libros sobre el parto has leído.

Quiero saber si oyes lo que susurra tu bebé dentro de ti mientras estás despierta en la cama por la noche.

No me interesa quien eres o de donde vienes.

Quiero saber si la auténtica madre guerrera se despertará cuando des a luz a tu bebé con todo lo que tienes.

No me interesa si tienes un plan de parto o donde quieres dar a luz.

Quiero saber que enfrentarás tu parto con la mente y el corazón abiertos.

Quiero saber si puedes entregarte al viaje que tienes que hacer para parirte a ti misma como madre.

No me interesa si das a luz en silencio o con rugidos de una leona.

Quiero saber si estás dispuesta a hacer todo lo que hace falta para dar a luz a tu bebé, sin dar importancia a cómo te veas, a los ruidos que hagas, o a lo que los demás puedan pensar.

Quiero saber si estás dispuesta a viajar a lo más profundo dentro de ti y atravesar lo desconocido.

No me interesa si te hacen puntos o no.

Quiero saber como te estás moviendo dentro de tu cuerpo

Quiero saber si puedes agradecer cada movimiento de tu cuerpo sudado y dolido, y saber que has hecho una cosa maravillosa y milagrosa.

No me interesa cómo alimentas a tu bebé.

Quiero saber si estás dispuesta a nutrir a tu bebé desde lo más profundo de tu alma y con amor incondicional.

Quiero saber si en la oscuridad de la noche

puedes levantar tus huesos y tu espíritu cansados

y hacer lo que hay que hacer para cuidar de tus hijos.

Quiero saber si estás dispuesta a dejar tus juicios e ideales de la madre perfecta para entregarte a tu corazón y a tu útero para amar a tu bebé a pesar de que duela.”

Este texto es una adaptación del poema “La Invitación” de Oriah Mountain Dreamer y  lo compartió la Doula Dorcas Malbran

Me despido con un fuerte abrazo y deseándote un parto feliz y un renacer lleno de luz.

Me encantaría también leer tu experiencia en los comentarios y saber cómo te estás preparando para tu parto y renacer o si lo has vivido ya.

Namaste

Gabriela

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